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El jueves 3 de noviembre de 2005, Gonzalo Trancillo, de 22
años, había salido como todos los días
de su casa de la localidad de Moreno para ir hasta el barrio
de Once. Antes de partir, tomó su billetera, su mochila
y, entre sus pertenencias, su teléfono celular con
cámara. Luego de subirse al tren de TBA, registró
una fotografía que graficaría en absoluto los
motivos del revuelo que se apoderó de la estación
de Haedo, que culminó con 15 vagones incendiados, 21
heridos y 87 detenidos. Gonzalo envió la imagen a Clarín
y el periódico la publicó minutos después
en su portal.
Al día siguiente, una de las noticias de su edición
papel titulaba: “Las primeras imágenes del caos
en Haedo fueron caseras” (Clarín, 4 de noviembre
de 2005). Y dentro del cuerpo de la nota se cuestionaba: “¿Es
un periodismo sin periodistas profesionales? ¿Cómo
se articula esa ola de circulación amateur con los
medios estructurados como tales y profesionalizados?”.
Sin dudas, no se trataba de una novedad.
Cuatro meses antes, Londres servía de escenario no
sólo para la manifestación de la violencia islámica
sino para evidenciar desde lo periodístico el fenómeno
de las nuevas tecnologías en manos de los ciudadanos.
Como dice el especialista en nuevos medios Julián Gallo,
el atentado contra la capital británica será
recordado con una foto oscura y un video pobre emitido por
la cadenas de noticias del mundo. “Fueron estas imágenes,
realizadas con un teléfono celular, las que inauguraron
una época completa para el periodismo. La clave para
entender la dimensión de este caso, lo que diferencia
esta fotos de otras disponibles accidentalmente en hechos
anteriores, es que los medios estaban seguros de que las imágenes
existían, incluso antes de verlas. Nadie podía
creer que entre los miles de testigos ocasionales de uno de
los países con mayor densidad de teléfonos con
cámara no hubiera fotos. Tenía que haberlas.
Y las hubo. Esta es la novedad” (Gallo, 2005).
La extensión en el uso de la telefonía celular
en el mundo es un factor innegable que permite avizorar un
futuro auspicioso para el registro de fotografías de
hechos periodísticos por parte de los ciudadanos. Según
el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec)
había en febrero de este año 22.156.000 líneas
activas distribuidas entre 28,5 millones de habitantes mayores
de 14 años. Este número indica que las tres
cuartas parte de los habitantes argentinos tienen un celular
y entre todos los servicios públicos fue el que más
creció con casi un 70% entre 2005 y 2006.
No todos estos dispositivos tienen cámara incorporada
pero la tendencia marca que mucha gente busca las últimas
novedades. Así lo demuestra un estudio de la consultora
Enrique Carrier y Asociados que marca que el 50% de los celulares
vendidos en 2005 fueron adquiridos sin la activación
de una línea nueva. Sin embargo, ¿podemos afirmar
que un ciudadano armado con tecnología de avanzada
tenderá a registrar hechos que puedan tener un interés
periodístico?
La pregunta es incierta aunque es innegable que el celular
se ha instalado como un bien imprescindible en la vida contemporánea
y tiende a ocupar cada vez más un mayor lugar en nuestra
rutina diaria. Desde su función de despertador a servir
como medio de pago en algunos países desarrollados.
Como explica el especialista español, Fernando Saéz
Vacas, “hay dos etapas en el desarrollo de cualquier
herramienta tecnológica. La primera es su comprensión
funcional, que depende de la simplicidad de las interfaces
del usuario. Pero hay una segunda etapa más compleja
que va más allá de la mera técnica operativa,
que es entender su significación social. Es decir,
cómo modifica las condiciones de nuestro vivir y nuestro
comportamiento en múltiples dimensiones. Al incorporar
ese poder técnico a sus vidas, los usuarios pueden
contribuir, y muchos lo hacen, a construir una infociudad
más activa, más creativa, más compartida,
menos piramidal en los flujos de intercambio” (Vacas,
2005).
En este contexto, el lugar del periodismo es trastocado con
el avance de las nuevas tecnologías. Muchos quitan
valor a este avance y otros directamente observan con un excesivo
escepticismo a estas nuevas prácticas. Como bien apunta
Saéz Vacas: “Aunque la historia ha demostrado
sobradamente que oponerse frontalmente a las fuerzas de innovación
tecnológica no es una estrategia ganadora, también
ha demostrado que lo normal es que numerosas organizaciones
humanas, ancladas en formas declinantes y posiblemente sustituibles,
tiendan a resistirse, o que se produzcan conflictos en zonas
de cambios todavía mal definidos o de pérdida
de ciertos privilegios y poderes de control consolidados”
(Vacas, 2005).
Sin detenerse en el qué y en vistas al cómo,
la cadena británica BBC ya ha creado dentro de su estructura
un departamento para filtrar y verificar, como denominan ellos,
“el contenido generado por usuarios”. “Nosotros
no nos tomamos éste trabajo a la ligera pensando en
que podemos prescindir de algunos periodistas y dejar que
el público haga nuestro trabajo. No es exactamente
así, es justamente lo contrario”, explica la
editora de BBC Noticias Interactivas, Vicky Taylor. Desde
lo periodístico, primero se verifica la autenticidad
y legalidad del material para luego ser publicado o servir
de puntapié inicial para una investigación más
profunda. Con respecto al copyright o derecho de propiedad
intelectual del material es en todo momento del usuario, pudiendo
éste vender las imágenes si así lo deseara.
Algunos apuntan que las fotografías tomadas por los
usuarios con sus teléfonos celulares son reflejo de
un mero voyeurismo que se manifiesta en el rubro de los espectáculos
con los paparazzi o en grandes catástrofes donde se
busca el impacto y exclusividad de la imagen sin aportar demasiado
desde el punto de vista periodístico. Sin embargo,
hubo dos casos que demostraron el valor que puede llegar a
tener la imagen tomada con un teléfono celular. Uno
fue durante el atentado de Londres cuando un video grabado
por uno de los pasajeros de la Circle Line del underground
londinense demostró que los tres atentados en el subterráneo
habían ocurrido a la misma hora, a diferencia de lo
que creían las autoridades.
Otro caso significativo fue la muerte del brasileño
Juan Carlos de Menezes a manos de la policía británica
dos semanas después del atentado. Una fotografía,
publicada por los principales medios británicos del
cadáver del brasileño sobre el andén
de la estación Stockwell, desmentía la versión
de la policía que alegó que el sospechoso vestía
una campera abultada donde se podrían esconder explosivos.
En la imagen no existe tal campera. A la fotografía
se sumó el testimonio de varios testigos que afirmaban
lo que la imagen revelaba.
¿Estamos transitando la prehistoria de una nueva forma
de hacer periodismo en la que los cuidadanos participarán
activamente gracias al avance de las herramientas tecnológicas?
Hasta ahora no podemos afirmar esto, pero hechos del presente
avalan esperanzadores pronósticos para el futuro. Como
planteó el diario Clarín frente al testimonio
originado en Haedo: ¿Es un periodismo sin periodistas?
Difícil de afirmar aunque casos como los de la BBC
demuestran que es posible una convivencia entre ambos que
posibilite en fin, un mejor producto periodístico y
una interacción desde luego positiva entre el público
y el periodismo.Ω
* Diego Esteves es periodista.
Fuentes y sitios de interés
Documental de la BBC sobre la influencia de
la telefonía celular en el periodismo
BBC (2006) How mobiles changed the face of the news, Picturephoning.com,
11 de enero de 2006.
http://www.textually.org/picturephoning/archives/2006/01/011152.htm
Gallo, Julián (2005), “Periodistas
instantáneos”, Noticias, 9 de julio de 2005,
pag. 83.
Gallo, Julián (2005) Mirá!,
agosto de 2005.
http://www.juliangallo.com.ar
Saéz Vacas, Fernando (2005), “El
poder tecnológico de los infociudadanos. Diarios y
conversaciones en la Red Universal Digital”, Telos,
octubre-noviembre de 2005.
http://www.campusred.net/telos/cuaderno.asp?rev=65
Turretini, Emily (2005), “Leaked photo,
key to Jean Charles de Menezes death”, Picturephoning.com,
20 de agosto de 2005.
http://www.textually.org/picturephoning/archives/2005/08/009622.htm
Código de Práctica sobre periodismo
ciudadano consensuado por los principales medios británicos
Turretini, Emily (2005), Code of Practice launched on `citizen
journalism´, Picturephoning.com, 27 de abril de 2006.
http://www.textually.org/picturephoning/archives/2006/01/011331.htm
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